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Para sanar, el sanador o sanadora debe estar sano.

Los malos tratos son producto de años trabajando con sobrecarga de trabajo, promesas incumplidas y con exigencias que sobrepasan las capacidades tanto operativas como emocionales de nuestro equipo.

28 agosto 2009


La prensa se da un festín con cada negligencia o mala atención, presentándola como el estado de la Salud pública toda. 


Frente al estilo de debatir presentando un solo caso, proponemos lo hagamos a la inversa. Un paciente llega con un paro y un infarto al Hospital Público, es atendido por el personal, literalmente revivido, se le aplican los procedimientos. Fibrilización, angioplastia. Se estabiliza, se le entregan los medicamentos. Sale de peligro para entrar a una gris zona de cuidado. Pero ese es sólo un caso en un solo día, con una sala repleta, el personal debe pasar al siguiente paciente. Después de una semana se le indica que vuelva en 48 horas para terminar el tratamiento. Todas y todos las/os integrantes del equipo de salud, saben que no es la mejor opción, que debiera quedarse un día más, pero no hay recursos. El hospital no puede mal gastar recursos en algo que no es urgente. La sala de entrada, por Urgencias, repleta. Las funcionarias que deben hacer el ingreso se enfrentan a una larguísima fila de parientes. Para cada uno de ellos, naturalmente, su paciente es especial sobre todos los demás. Decimos, subrayamos, paciente, no usuario, no cliente. Los parientes enojados descargan su justa ira sobre las/os funcionarias/os y profesionales.

En salud, calidad significa seguridad, oportunidad y confiabilidad en la atención, la cual al aumentar se traduce para la gente en menor dolor, menos invalidez y menor mortalidad. Sería bueno que se termine de jugar con la frase que la salud es prioridad, cuando se niegan los recursos que necesita para atender a las personas de manera digna y decente. 

El déficit del recurso humano y financiero no hace más que sobrecargar a un personal de salud de un sistema que está sobre demandado ya que con los mismos recursos se hace cargo de una creciente demanda de la población. Actualmente el sistema público municipalizado de salud funciona sólo con 2.130 pesos por persona 

La contribución que hace el Estado a la salud pública es una cifra muy baja, cuando todas/os los que conocen el sistema por dentro, sin excepción, manifiestan que debería ser al menos el doble.

El dato estadístico deja de ser tal, cuando es “nuestro” dato estadístico. La falta de camas de un Hospital deja de ser un dato cuando es “tu” hermano o “tu” madre el (la) que debe pelear por la cama o debe ser enviado de vuelta a casa para volver en 48 horas, porque no hay cama. La desesperación que tiene el paciente y el familiar ante el dato estadístico no tiene una contraparte válida. Salvo el enojo que se vierte sobre las/os profesionales y funcionarias/os.

Un problema de salud que afecta a las personas está dado por el agotamiento emocional y el estrés producido por el trabajo. Entre los afectados están los que laboran en servicios públicos de salud, ya que sus funciones se desenvuelven en el contacto humano con un público que exige resoluciones a sus problemas. Las altas exigencias del trabajo generan un cuadro de tensión emocional que tiende a producir malestares subjetivos y síntomas somáticos. Se produce un clima que se transmite al resto del equipo, generando la pérdida de la autoestima, precipitando y acelerando este proceso en los otros miembros, creándose ambientes de trabajo hostiles, con desvinculación y con una moral grupal de derrotismo y abandono. Ese es un tema de salud pública que debe ser asumido por quienes sobre cargan la atención de salud sin entregarle más recursos. 


En nuestra calidad de trabajadores de salud, subsidiamos la falta de personal con horas extras, que independiente de la remuneración significa empeorar nuestra calidad de vida personal y familiar.¿Quién puede poner la calidad en la atención como norte, si no tiene los recursos necesarios? ¿Quién abusa del compromiso hacia el servicio y el bien común, y da por hecho que no dejaremos a nuestra población sin atención?. Somos equipos de salud, un equipo formado por personas que tienen un norte claro y se juegan día a día porque la salud pública se destaque. Pero es claro que los equipos se desarman cada día ante las exigencias y empieza a enfermar. Las Licencias Médicas no son fruto de actitudes antojadizas de no querer trabajar. ¿No es acaso que como personas tenemos limites, ya sean físicos o emocionales? Es responsabilidad social de la institución atender la salud de sus funcionarios y asegurar las mejores condiciones laborales. Cuando el trabajo de 3, lo lleva a cabo una sola persona no sólo la atención que se entrega es deficiente sino también lo son las condiciones laborales de los trabajadores. Mientras se mantenga la idea de que el recurso humano es un gasto, y no una inversión, seguiremos en este estado deficitario permanente.

Los problemas de atención no son culpa de no querer cambiar o aceptar condiciones organizacionales, ni son luchas de clases entre los distintos estamentos que formamos el equipo de salud. Los malos tratos son producto de años trabajando con sobrecarga de trabajo, promesas incumplidas y con exigencias que sobrepasan las capacidades tanto operativas como emocionales de nuestro equipo. Forman parte de nuestro rol Gremial y Sindical la fiscalización de los procesos de implementación de Proyectos de Salud y en el cumplimiento de este rol los Gremios de Salud, no somos los destructores de políticas públicas orientadas a la atención de calidad. Los Gremios de la Salud somos los representantes de las personas que día a día deben enfrentar las expectativas de nuestros usuarios, quienes ante cada anuncio exigen sus derechos como debe ser. Nosotros somos los que enfrentamos los reclamos y maltratos de las personas que piden cumplir lo difundido. Muchas veces nuestra voz no es escuchada, nuestras acotaciones son minimizadas y los grandes expertos son los que resuelven las inversiones. ¿Alguien compraría un tractor sin saber cuantas hectáreas de campo tiene que arar, o decidiría que es necesario un solo obrero para construir una catedral?. Es este el nivel de impacto de nuestras intervenciones a las políticas de inversión en salud. Somos personas que representamos a personas, encausamos sus inquietudes y temores, sus esperanzas y alegrías. Cuando pedimos se nos explique porque no se realizo bien un proceso de selección, esperamos respuestas claras. Cuando consultamos si un equipamiento o unidad será creada con personal propio, comprometido y con los recursos para poder funcionar, es con una visión integradora de querer que las cosas resulten bien.

Lamentamos que se nos endemonie, pero seguiremos movilizándonos, nuestros usuarios merecen que las personas que les brindan servicios estén en el punto de decisión.

Raúl Clerc Urria

Sociólogo



Publicado por: Yamil Asenie
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