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Mayor aporte fiscal: el oxigeno que necesita Salud Candidatos han guardado silencio complice con el bajo gasto en salud y la alta deuda hospitalaria. 02 diciembre 2009 La deuda hospitalaria debe ser discutida ya. Los ingresos de los hospitales están compuestos por transferencias dirigidas a dos programas presupuestarios: el programa de prestaciones institucionales o históricas, uno que aumentan sus recursos sólo por efecto inflacionario, y otro de prestaciones valoradas que pueden cambiar de un año a otro. Los gastos se componen de las distintas partidas presupuestarias que permiten efectivamente brindar las atenciones de salud hacia la población. Dos son las partidas más importantes: la partida destinada a los pagos a las y los trabajadores, y la destinada a bienes y servicios de consumo. Como dice uno de los campeones de la autogestión, el Doctor Osvaldo Artaza, es “lo que una dueña de casa debe saber; cuánta plata tiene para el mes”.A diferencia de los gastos más o menos fijos de la dueña de casa, los gastos en los hospitales públicos dependen de las distintas necesidades de la población asociada a cada uno de ellos, las varían por riesgo sanitario, condiciones de pobreza y situación sociodemográfica. La deuda o es una insuficiencia de recursos o un exceso de gasto. Eso es una explicación de perogrullo, pero cuando los gastos superan a los ingresos, por la insuficiencia de recursos, tenemos que la deuda es el resultado de una demanda por atenciones de salud que no es financiada por las transferencias. Cuando hay un exceso de gasto, ello puede deberse a ineficiencias en el manejo de recursos o al efecto de factores externos a la producción sobre el costo de los insumos. Esta ha sido la explicación histórica que la derecha y el sector privado han dado al problema. La dueña de casa puede evitar el exceso de gasto pasando de Coca Cola a una marca tipo Fruna, pero los hospitales no. En cambio, se esfuerzan en la implementación de medidas de control, que pasan por reducir los costos de personal flexible o bien por incrementar sus ingresos. Sin embargo, ninguno de estos mecanismos soluciona el problema. En un caso, el pato lo pagan los trabajadores y en el otro, el público. La lógica de la autogestión, en su versión más perversa, lleva a una competencia por obtener mayor presupuesto por la vía del programa de prestaciones valoradas a que se ven incentivados los hospitales. Usando datos antiguos, en 2008 (hace un año) el sector privado tenía una deuda de $66 mil millones, la que es alta y equivale aproximadamente al 5 a 6% de los recursos destinados a los hospitales. La Clínica Las Condes mantenía una deuda de corto plazo, equivalente al 8,5% de sus ingresos. La Clínica Dávila, mantenía un indicador de 17,5% de cuentas por pagar sobre sus ingresos y 14,6% en el caso de la Clínica Santa María, ambas propiedad de Banmédica. Se ha hablado de que el Hospital San José es el más endeudado del país. Su deuda representa aproximadamente un 25% de sus ingresos anuales. La cifra es la máxima dispersión respecto de 6% aproximado de promedio de todos los hospitales, bastante más bajo que estas tres importantes clínicas de Santiago. La deuda de estas clínicas privadas sería mayor al déficit promedio de los hospitales públicos. Los hospitales endeudados tienen problemas que las clínicas no tienen, como el corte de sus líneas de provisión por parte de sus proveedores lo que los pone al borde de la crisis de funcionamiento, por lo que no pueden correr el riesgo. El financiamiento público corresponde a un 1,5% del PIB por aporte fiscal y otro 1,3% del PIB a cotizaciones y co-pagos; en total 2,8% del PIB para cubrir al 70% de la población, mientras que en el sector privado es de $577 mil, es decir 2,8 veces superior y gasta un 2% del PIB para financiar al 17% de la población. En países comparables con Chile como por ejemplo, Uruguay, sólo en gasto público en salud se invierte un 4,6% del PIB, un 4,5% . En países desarrollados, por ejemplo, hay un 8,7% del PIB en Alemania, un 6,9% del PIB en el Reino Unido, un 8% del PIB en Suecia y un 5,5% del PIB en España, todas estas cifras consideran sólo el gasto público y no el privado. Chile gasta el 12,7% del gasto público total en salud y comparando, Colombia el 20,5% y Alemania el 17,6%. Nos enfrentamos a dos mundos en el financiamiento de la salud: uno de 2,6% PIB al nivel de países más atrasados del mundo y otra realidad en que la inversión en salud puede ser similar a países como Alemania para el 17% de la población. Hace rato que es hora de poner la discusión del déficit hospitalario en este asunto de fondo. Esa es la responsabilidad de la clase política que ha eludido sistemáticamente el punto, salvo en las fiestas electorales. Publicado por: Yamil Asenie E-mail: |
Hay derrotas que saben a triunfo y triunfos que parecen derrotas. Cuando las ovejas se unen, los lobos se asustan Mas reajuste igual menos crisis Honorarios: a igual trabajo iguales derechos. Derogación Ley Reservada del Cobre: salud se coloca a la fila Para sanar, el sanador o sanadora debe estar sano. El caso del Félix Bulnes: un error no borra una historia Trabajadoras/es de la salud firmes en el combate a la Influenza |
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